29a Bienal de São Paulo, sin olores

Hay 184 trabajos “artísticos”, aunque no sé si llamarlos obras de arte, distribuidos en los tres pisos del edificio Ciccillo Matarazzo en el parque Ibirapuera de la ciudad de São Paulo (Brasil).
El olor y el color de la pintura definitivamente le abrió las puertas al video, la fotografía y las instalaciones, que reinan sobre las bellas artes. Claro que no podemos pensar que no haya mensajes porque los hay, sí. Por ejemplo, el famoso cineasta Jean Luc Godard denuncia con fotografías la prepotencia de unos militares contra varios civiles en las calles de Sarajevo. El chino Ai Weiwei rememora esculturas destruidas durante la colonización inglesa en ese milenario país de Asia.
Además, uno puede entrar en laberintos de madera con derecho a perderse y todo, acostarse en una cama, sentarse en una silla rodeada de televisores que transmiten un juicio, caminar sobre fina arena con luces multicolores o, como hizo mi pequeño hijo, intentar entrar en un calabozo donde una persona analiza sonidos, y quedarse con las manos todas sucias de herrumbre.
Las “obras” nos llaman para interactuar, pero me pregunto que diferencia hay entre el laberinto de madera y penetrar en un bosque laberíntico real o acostarse en una cama de una instalación en vez de recostarte en la cama de tu alcoba.
Algo bueno fue haber encontrado perdidos entre las instalaciones y los videos los dibujos de Gil Vicente y su serie de autorretratos llamado “matando a Benedicto XVI, Lula, Eduardo Campos, Kofi Annan, Ahmadinejad, Ariel Sharon, Fernando Henrique Cardoso, la reina Elizabeth, George Bush, y Jarbas Vasconcelos“. En todos los dibujos, de gran tamaño, el propio artista aparece engatillando un revólver, quizás, calibre 38, menos en uno, en el autorretrato de Lula, en el que está con una cuchilla grande sobre la garganta del actual presidente de Brasil. Pude observar, en forma disimulada, que casi todos los visitantes se paran muy sorprendidos frente a estos dibujos y realizan variados comentarios. Por otra parte, cabe preguntarse por qué en el autorretrato “matando a Elizabeth” él está detrás de ella apuntándole con el arma en su espalda. En los otros dibujos él le da la cara a sus “víctimas” representadas.
En fin, yo me fui de la Bienal con un gran mensaje: La Naturaleza sí que es una verdadera obra de arte, pensaba mientras recorría el parque que rodea al edificio de exposiciones. Y su creador nos invita a descubrirla, a la Naturaleza, continuamente, de día o de noche, con sus colores, sus olores, sus texturas, sus dimensiones.

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