Aborto por estupro y vida

El padrastro que estupró a la niña de nueve años en el estado de Pernambuco (noreste de Brasil), dejándola embarazada, reconoció que mantenía relaciones con ella desde hacía tres años. Llevada por su madre al hospital, a la niña le realizaron el aborto en Recife, capital del estado.

Al tomar conocimiento del hecho, el arzobispo local, Carlos Sobrinho, excomulgó a la madre de la chica, quien tomó la decisión, y a los médicos que hicieron el aborto. Pero la polémica se disparó estruendosamente cuando el jerarca religioso dijo que el aborto era peor que la violación. Además, desde el Vaticano el cardenal presidente de la Comisión de Asuntos Latinoamericanos apoyó la excomunión realizada por el brasileño.

El que generó toda la crisis fue el estuprador, quien causó todo un conjunto de sucesos que finalmente desembocaron en el sufrimiento de una chiquilina y después, en un conflicto cívico religioso. El violador es el único que debería ser excomulgado.

Lamentablemente, el representante de la Iglesia se encontró frente a una situación particular que no la supo comprender. En primer lugar, porque se trataba de una persona que no tenía la edad adecuada para poderse desarrollar en su vientre dos vidas. Seguramente morirían.

En segundo lugar, si hubiera continuado el embarazo, la propia muchachita moriría también.

El arzobispo, al dictar la sentencia le faltó visión para ver más allá del castigo, observando que “en este caso” el aborto en realidad fue una acción para “salvar”.

La niña ha sobrevivido gracias a los médicos, que fueron como ángeles de Dios.

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