Conflicto urbano: matan mendigos

Quemaron a otro mendigo mientras dormía debajo de la marquesina de una tienda, en la ciudad de São Paulo (Brasil). En la vereda quedaron rastros del fuego, pedazos de vestimenta, una frazada y panes ennegrecidos por las llamas. Un testigo, que también enfrentaba la noche a la intemperie, vio correr a los criminales que desaparecieron del lugar como una jauría detrás de un jabalí.

 

El año pasado, en el centro, que ahora está invadido por ejércitos de bichitos tipo polillas, varios habitantes sin techo fueron apaleados hasta la muerte. Lamentablemente, parece que la onda de violencia contra este grupo de personas marginadas de la sociedad continúa.

 

Aparentemente, molestos comerciantes de esa zona de negocios les habrían pagado a matones para que hicieran esa sucia acción.

 

Cerca de donde trabajo, al oeste de esta pecadora ciudad, como la calificó el padre que da las misas que yo asisto los domingos, cuando puedo, prendieron fuego a tres menesterosos, este año de crisis financiera y conflictos urbanos. Los tres necesitados, que pernoctaban buscando cobijo en algún recoveco arquitectónico, murieron. En ninguno de estos casos los culpables han sido juzgados. Razón por la cual, el padre católico Julio Lancelotti realizó una marcha para pedir que las autoridades responsables por el orden social y jurídico condenen a todos los inculpados, y que no haya impunidad, plaga tan terrible como la de insectos.

 

Un caso tristemente famoso de este tipo de crimen cobarde, infrahumano, fue el del indígena Gaudino, de la tribu de los “pataxó”. Lo rociaron con alcohol mientras dormitaba en una plaza de Brasilia (capital federal) y le arrojaron fuego. Los genocidas buscaban divertirse, dijeron. Fueron condenados y ya están en libertad.

 

Debe de ser terrible morir así. Los pintores renacentistas representaban el sufrimiento en el infierno de esa forma.

 

Los excluidos sociales son una señal: la sociedad es injusta. Ellos deberían ser la posibilidad que tenemos de evolucionar espiritualmente. Nos permiten vivir la compasión, ayudándolos, como siempre lo hizo la madre Teresa De Calcuta.

 

Además, cualquiera de nosotros podría estar en esa situación de necesidad económica y, no menos importante, de afecto, con sólo quedar desempleado.

 

Detrás de estas atrocidades y crueldad se percibe que el ser humano puede llegar a ser su propio enemigo, obstaculizando el crecimiento de la humanidad, que debería transformarse en cuna benéfica y pacífica para los hombres. Este camino nos elevaría frente al Dios energía, principio de todo, atemporal. Entonces, la paz social sería la sumatoria de paces personales que llegaron a la realización interior, como una cuenta matemática. Abría una armonía social, global.

Espero que las sociedades sean iluminadas por las propias personas que llegaron a la plenitud interior. Ojalá tengan más peso y que expandan con inercia el equilibrio en el ser humano.

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