Darles monedas a los niños de la calle

“No les dé monedas a los niños, déles un futuro”, esta recomendación aparece en adhesivos para coches en la ciudad de São Paulo (Brasil), donde vivo. Está claro que esta “campaña”, por llamarla de alguna forma, tiene como principal objetivo que su mensaje llegue a los automovilistas que manejan los alrededor de cinco millones de vehículos que andan por este océano de asfalto.
Ahora bien, cabe preguntarse cuál es la lógica de esta oración que guarda una especie de moraleja como aparecen en las antiguas fábulas.
Indudablemente, uno puede entender que, si los chicos encuentran una forma de subsistencia con ese dinero, jamás dejarán la calle, que hoy en día está muy peligrosa. Además, por estar “ocupados” mucho tiempo de esa forma insalubre, antihigiénica, dura, dejan de ir a la escuela y, por lo tanto, sus vidas quedan a la deriva por no poder completar los ciclos educativos. Entonces, sin formación formal, no logran, en su mayoría, insertarse en el mundo laboral. También, lamentablemente, quedarán excluidos a nivel social y sentirán una gran dificultad para integrarse a la sociedad cuando sean adultos.
Uno se pregunta cómo podemos ayudarlos.
La campaña sugiere darles un “futuro”. Los adultos, en un primer momento, podemos aconsejarles que abandonen esa vida sin futuro y persuadirlos de que el futuro de todo hombre y mujer que quiere vivir en sociedad es el hoy, y el hoy no se debe dejar pasar, ni permitir que sea un “tiempo perdido”. Uno debe ganar tiempo. Por lo tanto, para ganar tiempo, el niño debe estar en la escuela, donde comenzará a desarrollar su inteligencia y a formar su espíritu a través del campo de la ética y la moral.
Por otro lado, algunas instituciones estatales, civiles o religiosas, cumplen una función de asistencia social muy importante al darles a los chavales un cobijo, donde tendrán apoyo económico y psicológico en caso de que no tengan familia. Nosotros, los adultos, al colaborar con esas instituciones, ya sean estatales, civiles o religiosas, estamos colaborando en forma indirecta, pero eficaz, con los niños que están abandonados en la ciudad.
No cabe duda de que los problemas de una sociedad nos involucra a todos sin excepción, y si cada uno aporta su granito de arena, se consigue solucionar un problema tan trágico como lo es la falta de sustento y, por ende, el futuro de un niño.

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