Dependencia al consumo y al supermercado

Dependencia al consumo y del supermercado
Habíamos vuelto de un paseo post navideño por el Parque Forestal de São Paulo, cuando decidimos entrar al supermercado. Fines de diciembre, casi lloviendo, condiciones ideales para aprovechar y volver a las compras después de un día entero sin gastar un centavo- ¡vaya milagro!-por el feriado de Navidad.
Como una saeta impulsada por una ráfaga de viento, una reflexión se insertó en mi mente: ¿No estamos hipnotizados por la cascada de productos que se aparecen frente a nosotros? Y enseguida pensé, sin querer tal vez: ¿No deberíamos hacer algo para reducir esa adicción física al comer y beber en exceso, y la adicción psicológica a las compras?
Mi esposa iba a mi lado y nuestro bebé en mis brazos. Sé que hay que proponer soluciones y no sólo señalar problemas, por lo tanto, respondí inmediatamente a mi pregunta: Pienso que podríamos tener huertas en los terrenos de las casas, o aun, en las azoteas de los edificios. Además de proveer algunos productos naturales, les daríamos a las ciudades más verdor, humedad, en fin, vida. A mi esposa le pareció ridícula mi idea.
Pero yo continué pensando en otras descabelladas ideas, según ella. Por qué no, realizar clubes granjeros donde los ciudadanos fuéramos los fines de semana para plantar hortalizas, legumbres, cereales, pequeños árboles frutales, y promover campeonatos por categorías: premio a la zanahoria más larga, el zapallo más pesado, la frutilla más pequeña, o el maíz con más espigas.
Pero lo más difícil es cambiar los hábitos, costumbres de una época, provocar comportamientos diferentes. Creo que sólo una futura generación podría transformar a la sociedad, o mejor dicho, cambiar la forma de ser, persona por persona,, hasta generar algo nuevo, fresco, más saludable mentalmente primero y de actitudes después.
El exceso de consumo está tan arraigado actualmente, que proponer revoluciones en este ámbito, puede declarársele a quien las proponga, “enemigo del pueblo”, nombre de una inolvidable película, para mí, con Steve Mac Queen.
Y efectivamente, los que van contra los intereses económicos de las grandes empresas, se transforman, automáticamente, en seres peligrosos en extremo, porque pervierten un orden definido como perfecto por unos pocos empresarios en detrimento de la colectividad.
Un club granjero podría ser, además, un lugar agradable, de encuentro social, una cita con la ecología y con la política, para transformar la sociedad del consumo en una de mayor plenitud espiritual.

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