Educación universitaria

El ex embajador de EE.UU. en Uruguay, Frank E. Baxter, realizó sus críticas al sistema educativo de la Universidad de la República. Los documentos filtrados fueron publicados por Wikileaks, en los que advierte que la educación superior uruguaya no condice con la realidad de la economía mundial. Pienso que algunas cuestiones son puntuales y objetivas, pero otras no lo son.
Por un lado, ve con malos ojos la extensión que los universitarios hacen de sus carreras. Es decir, él cree que un estudiante debe realizar su curso en un tiempo limitado, y no, como ocurre en Uruguay, pasar toda una vida dentro de la universidad.
No cabe duda de que la de él es una visión totalmente norteamericana, basada en la forma de organización socioeconómica de aquel país, donde prima la practicidad y el consumo exagerado.
Pero en Uruguay, la universidad es un lugar no sólo para estudiar, sino además para formar una conciencia política. Por lo tanto, es un centro de estudios de mucha vida política porque ésta, la política, no puede estar separada de la propia sociedad, y por lo tanto, debe estar inserida en ella. En nuestro caso, lo de la política en la universidad, es un fenómeno puramente cultural. Es parte de la vida universitaria.
Además, el señor Baxter coloca como meta prioritaria universitaria que las carreras sean útiles para la economía global. Por lo tanto, él cree que son necesarios expertos en tecnología de la información, empresarios e ingenieros.
Por mi parte, discrepo con él porque, en primer lugar, una sociedad debe formar ciudadanos que sepan desarrollar los valores fundamentales sobre los que se construye y apoya un país: libertad, solidaridad, caridad. Los tecnólogos son adyacentes a los profesionales del área humanística, y éstos últimos junto a todos los ciudadanos son los que afirman los pilares de las sociedades justas.
Ahora bien, lo verdaderamente preocupante en la universidad uruguaya es el porcentaje que recibe del total del presupuesto nacional: sólo el dos por ciento, por lo tanto, corresponde a 2/3 del gasto promedio en la educación superior en América Latina.
Indudablemente, la falta de recursos financieros impactan directamente en la calidad de la educación porque todos sabemos que los profesionales de la educación mal pagos, pierden gran motivación, como pasa con personas de cualesquiera de las otras áreas laborales.
Además, esta situación conlleva un malestar general del gremio de los profesores, que generalmente desemboca en huelgas, causando, lamentablemente, una disminución en el rendimiento estudiantil.
Finalmente, no cabe otra solución que aumentar el presupuesto nacional para la educación en general, porque ésta es la que genera el desarrollo de un país justo y solidario.

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