El diluvio de las noticias

Hace unos meses, Sakineh Mahammadi Ashtiani iba a morir lapidada, o sea, caería muerta bajo una lluvia de piedras. Este tipo de pena para el caso del adulterio femenino en Irán, estaba prescripto ya en la época de Jesús, dos milenios atrás en la línea del tiempo. Relató Juan: “Esta mujer es una adúltera-le dijeron los maestros de la Ley a Jesús-…la Ley de Moisés ordena matar a pedradas a la mujer” (Juan, capítulo ocho, versículo cuatro a seis).
Hace una semana, más o menos, alguien (que ahora no recuerdo quién fue) me dijo que parecía que la historia de la iraní Sakineh era mentira. Pensé, entonces, en una falacia creada por Occidente para desprestigiar al actual presidente iraní. Y principalmente, a su gobierno. Vaya casualidad, un país con gran cantidad de yacimientos petrolíferos.
Pero anteayer leí otra noticia relacionada con ella: el perdón, y por lo tanto, la anulación de la sentencia de muerte de esta mujer de 42 años, viuda y con dos hijos.
Ante el vaivén de información, en mi mente empezó a labrarse una idea que ahora intento ordenar, pero no sé si lograré hacerlo, porque sé que no es fácil escribir lo que pensamos. Es una traslación compleja. Aún así, voy a procurarlo.
Los medios de comunicación crean gran expectación sobre algo que muchas veces aparece descontextualizado. Es decir, no tenemos informaciones sobre el momento anterior a la noticia, ni la situación sociocultural en que se da. A menudo, lo que se presenta es algo estático en el tiempo, a sabiendas de que la realidad es dinámica.
Por esa dinámica, parece como si las informaciones fueran- y ahora voy a hacer una parábola-como patos nadando en el aire, sin su soporte habitual, el agua.
Verbigracia, en el caso de Sakineh, sería bueno explicar la cultura persa en la que ella vive: cómo es, cómo funciona, cuál es la religión mayoritaria, quiénes son sus líderes políticos y religiosos, y por qué son ellos y no otros.
Más allá de que nosotros, latinoamericanos, cristianos mayoritariamente, no estamos a favor de esa sentencia brutal, debemos entender la situación en forma íntegra. En el ejemplo comparativo que hice de los patos y el agua, ésta me ayudaría a entender por qué los patos son de tal manera y no de otra. O sea, llendo al problema de Sakineh, debemos entender la historia del país para inferir algo del todo, y no partir de cero al dejar de lado la historia.
Pero una idea que quiero expresar sobre los medios de comunicación, y que no quiero dejar escapar de mi hoja, donde escribo, es que crean un mundo tangencial formado por la vigilia y el sueño. Sabemos toneladas de acontecimientos sobre personas que no conocemos, pero que recreamos y les damos vida en nuestras mentes.
Ah, generalmente, eso sí, uno se olvida de golpear a la puerta del vecino o vecina, para saber cómo está ese ser real, de carne y hueso, palpable, oloroso, respondón, por suerte.
Si Jorge Luis Borges viviera, pienso, qué escribiría sobre este fluir de informaciones, ya que adoraba ese mundo donde se confunden la realidad y el sueño. Estoy seguro de que nos dejaría fabulosas reflexiones. Y yo, claro que no me arriesgo a adivinarlas. Desde mi punto de vista, lo que percibo es que la noticia, descontextualizada, ocupa una posición de privilegio en la cultura, además, autónoma e independiente de la propia realidad.
Los medios de comunicación se olvidan de que lo importante es el hombre en sí mismo, su esencia, y no sólo su circunstancia.

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