El dinero genera muerte

Tres poderosos ejecutivos, dos europeos y uno norteamericano, se suicidaron en estos últimos meses por haber sufrido millonarias pérdidas. De la noche a la mañana quedaron en la bancarrota. ¿Se habrán olvidado de que la vida va mucho más allá de lo material o monetario? La formación humana, y no sólo la técnica, da una visión más amplia de la razón de vivir, del por qué y para qué estar vivos. Pero no quiero entrar en la polémica de la enseñanza y de las críticas a los programas educativos que insisten en dejar de lado las asignaturas humanísticas, porque aparentemente no son “prácticas”, no “sirven” a los fines del tecnológico mundo que nos conquistó en un abrir y cerrar de ojos. Prefiero contar un tal vez intrascendente momento que viví con mi hijito de apenas diez meses de edad. Mi guricito estaba sentado en la falda de mi esposa. Volvíamos en ómnibus del centro, donde habíamos tramitado su primera cédula de identidad. De repente vi que él miraba a alguien y sonreía. En la puerta de descenso había un hombre con discapacidad motriz de unos cuarenta años, pienso, que también sonreía y lo miraba. A mí me hizo sentir el valor del afecto simplemente a través de una sonrisa, y la importancia de lo espiritual en la vida pese a todos los problemas que carguemos, ya sean económicos, afectivos o de salud. Darle prioridad y valor sólo al factor económico nos desintegra como seres, porque somos más que biológicos, y nos aleja de la verdadera fuente de vida, que es el espíritu santo: “Él los bautizará en el Espíritu Santo” (Marcos, c.1, v.8). De esta forma, cuando seamos tentados por el dinero, la lujuria, el poder individual, la codicia o la avaricia, uno recurre a la fuente de vida, el Espíritu, que bajará “como lo hace la paloma” (Marcos, c.1, v.10). Así nace un “nuevo ser”, consciente. La felicidad nace en el interior de las personas y se expande hacia el mundo exterior. El dinero, cuando se transforma en instrumento de explotación humana o tiene por objetivo sólo el poder olvidándose de lo social, es la antítesis del Espíritu, es la fuente de muerte porque no genera felicidad en nuestro interior.

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