El eterno banquete mundial

El rey preparó una gran comida para celebrar la boda de su hijo. Invitó a todos, “pero ellos no hicieron caso”. Todos los invitados prefirieron hacer otras cosas: “se fueron a los campos y otros a sus negocios”.
Parece difícil ver más allá de lo puramente individual porque lo colectivo no implica la idea de plenitud. Esta, la plenitud, está relacionada con los sensaciones que transmiten los sentidos. Y un grupo no posee un órgano colectivo.
Además, en un grupo numeroso uno debe fundirse con el todo, y al hacerlo, hay una mayoría que decide. El mundo del siglo XXI va hacia el camino opuesto del “banquete”propuesto por Jesús en el evangelio de Mateo, capítulo veintidós. Pero yo creo que las experiencias en conjunto nos hacen vivir emociones diferentes, y además, nos sentimos integrados a la sociedad.
Por otro lado, lo interesante es que Dios no obliga a nadie a participar de su banquete, es decir, del gozo espiritual, más allá de las sensaciones físicas.
Por lo tanto, el rey les pidió a sus “servidores” que invitaran “ a la fiesta a todos” los que encontraran. Así lo hicieron ellos, y entonces “la sala se llenó de invitados, malos y buenos”. Dios insiste en reunirnos para hacer su plan comunitario, e incluso trasciende el carácter de hombres y mujeres, sin importarle la moral de ellos.
Felizmente, no es un Dios discriminador ni margina a nadie. Nosostros estamos en él, su lógica es integral, humanista, aunque él no es humano. Sin embargo, nosotros, los humanos, dejamos de ser humanistas, que es algo totalmente irracional, para volvernos devastadores.
Eso sí, en la parábola del banquete, Jesús dice que “muchos son los llamados y pocos los escogidos”. O sea, todos podríamos buscar el camino del crecimiento espiritual, depende del esfuerzo e interés de cada uno, de su motivación por una cuestión más temporal, pasajera, puramente inmediata, o por la búsqueda de lo atemporal, lo pleno, lo duradero.
Ahora bien, la influencia del ambiente, hoy en día, es poderosamente fuerte. Sin embargo, en el tiempo de Cristo no existía tanta presión y control de las masas como lo hay actualmente. Pese a todo, es Dios no humano nos quiere a todos juntos en un eterno banquete mundial.

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