El fantasioso encierro del monaguillo

Una gran noticia conlleva espectáculo, algo extraordinario, desastroso, lúgubre, de carácter cuantitativo, en fin, cosas exageradas en algún aspecto.
Para mí, y muchos otros, fue sobrecogedora la noticia que llegó a nuestros oídos sobre el monaguillo que había quedado encerrado en la iglesia Nuestra Señora de Fátima, en el barrio Lauzane de São Paulo (Brasil), después de la misa dominical. Pero más sorprendente fue saber que todo había sido un invento del monaguillo, un niño de unos ocho años, según nos explicó la cuidadora de la iglesia y de todo el terreno que hace parte de la referida comunidad religiosa, donde, además, hay una escuela infantil.
Ello me llevó a percibir cómo (con acento, nótese) atrae aquello que tiene cierto matiz negativo, y por otro lado, cómo no nos interesa de los medios lo que implica cosas positivas y que ayudan a la sociedad. Incluso, no sé hasta cuándo las generaciones tendrán estos gustos más por el morbo que por lo luminoso.
Es en este aspecto que voy a poner los puntos sobre las íes. La Iglesia Católica hace muchas cosas buenas que pocas veces son destacadas por los medios de comunicación. Y pienso que esto es una tendencia.
Esta escuela de educación infantil, que se llama Juan Pablo II en portugués, es donde pasa gran parte del día mi hijo de un poco más de tres años. Es un proyecto socioeducativo desarrollado por la Iglesia Católica de Brasil con el gobierno municipial de la ciudad.
Es un excelente trabajo realizado en un barrio suburbano, donde viven familias pobres y de clase media baja. Desde ya aclaro que en Brasil no se usa esta clasificación social, sino se usa la de clases A, B, C y D. Aunque las dos clasificaciones se basan en el único aspecto económico, la primera me parece más real que la del uso de letras, que parece muy abstracta.
En la escuelita Juan Pablo II, unos doscientos niños y niñas entre seis meses y cuatro años conviven, haciendo uso de las instalaciones y recibiendo una sutil enseñanza cristiana. A fin de año siempre realizan una fiesta que tiene presentaciones de canciones, bailes y pequeñas representaciones teatrales. Y nunca faltan los regalos que les envían los llamados “padrinos”, que son personas que participan en la iglesia, y les regalan ropa y juguetes.
Este buena noticia, que a pocos les interesa, porque hay cosas más ineresantes que ver en internet, como pornografía, (estoy ironizando), empezó con la fantasiosa noticia del monaguillo encerrado.
Finalmente pregunto: ¿No hay noticias buenas o no hay interés en noticias buenas? Por supuesto que hay buenas noticias, que me gusta leerlas. En fin, la libertad no necesariamente por sí sola enriquece a los hombres, por eso tal vez, los anarquistas insistían en educar desde la niñez para la libertad, es decir, para hacer un buen uso de la libertad.

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