El médico sin papel

São Paulo

Una mujer encinta llega de urgencia a un hospital público de Río de Janeiro (Brasil). El médico de turno no puede internarla porque no hay lugares disponibles, entonces le dice que busque otro hospital. No sé cómo llegar, le dice la mujer embarazada, que ya presentaba problemas de salud. El médico busca papel pero no encuentra. Finalmente decide escribirle a la señora  en el propio brazo, el nombre y número de ómnibus que debe tomar, con lapicera azul y en mayúsculas.

Ella sale volando, pero lamentablemente muere antes de llegar al hospital donde tal vez  sería atendida. Esta tragedia de la vida real pone sobre el tapete nuevamente el tema de los servicios públicos, que en Latinoamérica dejan mucho que desear, y principalmente los de salud y  educación.

Ya fui atendido en una policlínica pública en São Paulo después de haber sido atropellado por una moto. El señor de túnica blanca que me atendió me dijo que no tenía cómo hacerme una radiografía de las costillas, piernas y codos doloridos. Por lo tanto, sólo iba a palparme para ver si tenía alguna fractura. Me senté en una camilla, y antes de que me tocara grité de dolor. Quizás exageré, pero al ver que iba apretarme perdí los nervios, el control, la compostura. Además, él era enorme, realmente. Lo cierto es que salí de ahí y después de pasar por la comisaría fui a una clínica particular donde ahí sí tenían rayos x.

El abismo entre un servicio público y privado de salud es gigantesco. Claro que la efectividad y el lujo del servicio privado, sale caro para los bolsillos, y además, a medida que a uno se le vienen los años aumenta el precio de la mensualidad. Un anciano paga unos 9.000 pesos uruguayos (900 reales) por la asistencia de salud privada en São Paulo.

Esto lleva a que millones de personas tengan que recurrir diariamente a los hospitales públicos.

No cabe duda de que el médico sin papel para escribir es un pequeño síntoma- entre otros más visibles, el hacinamiento de pacientes en los pasillos- de una patología gravísima: el apocalipsis de la salud pública.

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