El vacío como contenido

Los héroes posmodernos se matan en el ahora, en nuestro tiempo uno como yo lo concibo. Por ejemplo, Amy Winehouse, Michael Jackson, Witney Houston. Íconos de la cultura pop, arrastraron sus vidas, a duras penas, hasta llegar al fin, partiendo de nuestro entorno.
En algún momento, muchos buscamos en ellos alguien en quien espejarnos, sentirnos bien a causa de ese éxito ajeno, es decir, las grandes masas los adoramos porque son triunfadores, victoriosos, tal vez sea algo hasta inconsciente la búsqueda de algo más allá de nosotros, que nos trascienda.
Pero los cierto es que uno sabe muy poco sobre el mundo interior de estas “estrellas” que iluminan, impulsionadas por los medios de comunicación, a todo un mar de seguidores. De hecho, no sabemos cuánto, por qué, por quién sufren, además, el sufrimiento nos iguala, nos corroe, es la corriente opuesta a la alegría. Su consecuencia puede ser el vacío, y este nos obliga a enfrentarnos a nosotros mismos, sin caretas, sin efectos especiales, sin aplausos, sin vestuario. En ese preciso tiempo uno queda solo, y uno precisa un repertorio.
Mientras que para unos esa nada interior será el comienzo de una nueva vida, una transformación, para otros parece ser el comienzo del fin.
Me encanta la metáfora de Marcos que se encuentra en el capítulo nueve, versículo tres del nuevo testamento: Incluso sus ropas (las de Jesús) se volvieron resplandecientes, tan blancas como nadie en el mundo sería capaz de blanquearlas.
En el monte, Pedro Santiago y Juan vieron el cambio, alejados de la ciudad, donde se da la fama, la fortuna, la pobreza, el olvido, la corrupción. La transformación nos libera de lo viejo, y de todo eso que nos corroe, debilita y deja vacíos como contenido.
Nuestros héroes posmodernos deberían también abrir sus mentes y corazones para el cambio, aunque los obligue a dejar el éxito, la fama, para emprender una nueva vida.

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