El voto obligatorio del celibato y la castidad

Los escándalos sexuales dentro de la Iglesia Católica nos lleva a preguntarnos: cuáles son los errores cometidos en la propia formación de los religiosos católicos.
Además de los votos de pobreza y obediencia, los de castidad y celibato son pilares fundamentales, desde hace siglos, del ser padre. Mientras la castidad es una virtud, la de estar plenamente entregado a la obra de Dios sin tener relaciones carnales, el celibato es un estado, el de vivir soltero. No todo célibe es casto, y no todo casto es soltero, puede ser casado.
Pero un padre de estos nuevos tiempos en los que vivimos, está inserido en un mundo mucho más complejo del que estaba un cura en los siglos pasados, porque la sociedad pasa por una época en la que la exposición de varios aspectos referidos al sexo es enorme. Además, la formación de los sacerdotes católicos no continúa siendo la de reclusión física dentro de una abadía, haciendo el seminario, al contrario, ellos van a universidades como los demás ciudadanos.
Aparentemente, hay un desfasaje entre el contexto sociocultural en el que viven y el proceso formativo, tal vez sin incluir aspectos de la dinámica social. Por lo tanto, la Iglesia en su conjunto debería repensar y reflexionar sobre los votos, y principalmente el del celibato, en vista de los escándalos que la aballan a nivel mundial.
Algunos opinan que los curas deberían tener una familia, si lo quisieran, como ocurre en otras vertientes cristianas. Los pastores bautistas, evangélicos, protestantes, anglicanos o presbiterianos, se casan y forman un hogar como en el que nació Jesús de Nazaret. También los rabinos lo hacen.
Entonces parece que la cuestión a veces se encausa hacia el siguiente tema: ¿qué diferencia la labor de una persona dedicada a lo espiritual y sagrado, teniendo esa persona sexo o no? Y suponiendo que la tesis de dos historiadores ingleses sobre la presunta familia creada por Cristo fuera cierta, ¿en qué medida cambia su mensaje netamente humanista?
Por otro lado, no necesariamente toda persona célibe podría tener una desviación en su comportamiento sexual. Tampoco, todo comportamiento degradado deviene de un célibe.
No cabe duda de que en el aspecto sexual no hay fronteras entre los diferentes grupos de relación social y sus acciones volcadas para bien o para mal.
Por mi parte, creo que el celibato, en estos nuevos tiempos de demasiada sexualidad expuesta, sea un obstáculo en la realización del sacerdote, en vez de ser un buen cimiento formativo.
Por otro lado, también están los que piensan que el voto del celibato sólo responde a una cuestión de política institucional de la Iglesia Católica.

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