La ciudad, el hombre, y el espacio

São Paulo

Yo soy yo y mi circunstancia, es la frase que resume el pensamiento del filósofo español José Ortega y Gasset (1883-1955).

Indudablemente todos vivimos y somos parte de un grupo social interrelacionado e interdependiente que cada día parece más complejo. Para mejorar la sociedad debemos cambiarla positivamente. Este proceso, el del cambio, depende de cada uno de nosotros.

Cuando arrojamos una piedra a un lago tranquilo y de diáfanas aguas, ésta generará una ola más o menos potente, dependiendo de su consistencia y fuerza aplicada al tirarla. Del mismo modo, nuestras acciones se reflejan en el cuerpo social. O sea, en cierto sentido somos corresponsables de la circunstancia que nos rodea, del entorno.

Es decir, yo repercutiré, quiera o no, en el ambiente social dejándolo más alegre o triste, esperanzado o pesimista, más humanizado o deshumanizado.

Esta introducción es el preámbulo para explicar lo que pasa por las calles de la ciudad más poblada de Brasil, São Paulo, donde hay once millones de personas y un vehículo de transporte cada dos habitantes.

La situación vehicular de la ciudad, que ya ha sido calificada por muchos como caótica, llevó a las administraciones anteriores a darle prioridad durante muchísimo tiempo al problema y posible e solución del tránsito, olvidándose de sus ciudadanos. Vaya ironía.

En muchas zonas, la ciudad ha sido degollada, arquitectónicamente hablando, en pos del tráfico de coches, camiones, ómnibus, camionetas, motos.

Por otro lado, los edificios para oficinas se han expandido como hongos para el sur de la ciudad.

Por lo tanto, millones de oficinistas, empleados y empresarios han de trasladarse diariamente desde las regiones norte, este u oeste pasando irremediablemente por el centro, lugar en el que nacen muchas avenidas hacia el sur.

Las pocas líneas de ferrocarril subterráneo, la gran cantidad de medios de transporte públicos y privados, más el estrés, se confabulan para que realmente vivamos una pesadilla diaria: ir y volver del trabajo.

Un vehículo alternativo al público es el ómnibus particular expreso. Un servicio que dan algunas empresas para pasajeros que no quieren usar el servicio público de transporte por comodidad y precio.

Pero el intendente Gilberto Kasab acaba de prohibirles a los ómnibus de línea particular que transiten en un área de 70 km2 que comprende el centro y el sur. Como consecuencia, ahora 40.000 pasajeros deben buscar otra forma de llegar a sus trabajos. No cabe duda de que esta prohibición no resolverá la fluidez automotriz, sencillamente porque las 40.000 personas afectadas no desaparecerán por arte de magia, sino que emigrarán al transporte público de pasajeros.

Esta situación que hoy en día vive la ciudad de São Paulo puede servir para que otras ciudades que aún no tienen graves problemas de tránsito, estudien proyectos que viabilicen la armonía entre el hombre y el espacio urbano.

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