La diversión obligada

Es el tiempo de la libertad plena en gran parte del mundo occidental, dicen los más encumbrados intelectuales. Pero parece mentira que esa vida libre, ese “vivir” la libertad este en un neto contexto de presión por parte de los medios de comunicación y también presión socioeconómica. No nos olvidemos de que hacen grandes fortunas los que se dedican al entretenimiento, característica de las sociedades en libertad. Privación de las que viven bajo regímenes dictatoriales o fundamentalistas.
Tienes que divertirte, la vida pasa rápido. Entonces, se puede inferir que hoy en día vivir y divertirse van juntas, de la mano, son acciones sincrónicas, de mutua correspondencia. Hasta parece una ideología.
Por otra parte, quien no concuerde en vivir divirtiéndose corre el riesgo de ser marginado socialmente. ¡Qué amargado! No le gusta disfrutar la vida. Otros dirán, es un viejo.
Este preámbulo intenta no sólo entender un suceso trágico que ocurrió en un parque de atracciones de Brasil, sino también prevenir a las personas que van a buscar entretenimiento a estos parques.
Aunque el hombre cree tener un total control sobre la mecánica, esta de por sí no es un ser consciente, ni mucho menos. En la mecánica reina la incertidumbre, y el hombre intenta controlar lo incontrolable y lo condicionado a innúmeras cosas.
Lo cierto es que la jovencita Gabriela Nychymura subió a uno de los quince asientos de la atracción La Tour Eiffeil, que está en el parque de diversiones Hopi Hari a 72, 5 km de São Paulo (Brasil). Increíblemente, el asiento en el que ella se acomodó estaba hace diez años fuera de uso, pero lo impensable es que en ese momento ninguno de los dos funcionarios que regenteaban esa atracción le dijo que ella no podía ubicarse allí.
Lamentablemente el juego fue puesto en funcionamiento. Las personas sentadas fueron elevadas hasta los 69,5 metros de altura que tiene la torre y después, lanzadas en caída hacia el vacío. En el instante en el que frenaron la bajada, cuando llegan a unos 94 km por hora, la traba mecánica que asegura a los “pasajeros”, se levantó, y como Gabriela tampoco tenía cinturón de seguridad, otra cosa inexplicable, cayó en una zambullida mortal de una altura de 24 metros. Murió casi instantáneamente al inpactar en el cemento el viernes 24 de febrero a las 10.30 de la mañana.
Inimaginablemente, alguien le sacó una fotografía unos segundos antes de empezar a funcionar el aparato: ella aparece sonriente y colocando sus dos dedos de la mano derecha en forma de V, venceremos. Parece increíble.
Por otro lado, unos días después del accidente se supo que varios asientos tenían problemas en la traba mecánica que pasa por encima de los hombros. Pero parece que por razones financieras no querían suspender esta atracción, muy importante para el parque y su concurrencia. Por lo tanto, el show tenía que continuar.
Ahora sí, el parque está cerrado para la realización de una exhaustiva investigación. Vivir la libertad conlleva riesgos, pero correr riesgos en causas individualistas, motivadas por los medios, es un fenómeno fundamentado más allá de toda idea de vivir la libertad, está basado en pro del omnipotente mercado, que traspasa la humanidad para consolidarse como centro total del mundo.

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