La generación discovery

Mientras él manejaba su nuevo coche hacia una chacra, en el interior, paraje Santa Isabel, donde íbamos a pasar el día junto con amigos, me dijo, o mejor dicho, me preguntó si viviría en el campo. Le respondí que sí: Me encantaría vivir en el campo, cuidar bichos, patos, gansos, chanchos, gallinas.
Pasaron unos segundos apenas después de haberle dado mi alegre respuesta, cuando él, confiado, firme en el volante, repuso: No sabes lo peligroso que es para la salud convivir con animales, transmiten enfermedades.
Prosiguió luego aclarándome, con ademanes, cómo habían surgido algunas epidemias como la gripe influenza, la gripe A, la gripe aviaria. Parecía una radio, pero sin comerciales.
Todas las antedichas enfermedades estaban vinculadas a animales. Y sentenció, seguro: Lo vi en Discovery Channel.
Durante un fugaz momento, no calculado por mí, quedé duro en el asiento de al lado del conductor. Parecía como si me hubiera achicado al tamaño de un ratón, atrapado en el cinturón de seguridad, acorralado.
Entonces, pensé en ese tipo de programas televisivos que clarifican muchas interrogantes que pocas veces pasan por la cabeza de una persona: qué comían los dinosaurios hace millones de años, cuántos tipos de tiburones hay en el mundo acuático, cómo se organizan las hormigas africanas, a qué insectos no les gusta la sangre humana.
Pero repentinamente repliqué diciéndole que en las ciudades grandes, lugar donde él parece creerse libre de dolencias, el agua de los ríos, arroyos, lagos y lagunas y el aire que se intenta respirar están contaminados. Y agregué que todos y todo sufren con esa polución de partículas invisibles para el ojo humano pero real para el microscopio e instrumentos de medición de los elementos que componen los gases. Sin querer, me olvidé de nombrar a otro villano urbano, el ruido.
De alguna forma había defendido mi idea de algún día vivir en medio de la naturaleza, con animales y árboles rodeándome.
Ya de vuelta en casa, le conté a mi esposa la conversación que había tenido en el automóvil con mi interlocutor conductor. No sé por qué, pero necesité desahogarme con mi cónyuge, y sentir cierta paz espiritual.
Después comentamos sobre la nueva generación discovery. De inmediato surgió medio que bromeando la definición de discoveriano: aquellos que conocen a través de ese programa de televisión, y repiten lo que escucharon como forma de expandir su pensamiento usurpado, dirigido horizontalmente.
Prefiero los que quieren se originales, intranquilos de pensamiento.

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