La revolución de las pelotas

Un jugador sin pelota de balompié es como un jinete sin caballo. Los balones, todos juntos, se rebelarán contra sus opresores, que los maltrataron, y no les dieron importancia. Para liberarse, saldrán en marcha triunfal y se reunirán en la plaza principal.

Ahí propondrán el reconocimiento y cariño de las gentes, ya aburridas de ver tantos pataduras reconocidos, afamados y adinerados. El presidente global recibirá a las esferas con mucha pompa, palomas, cornetas silenciosas pero olorosas, y sonrisas a lo Gioconda en la Gran Avenida que no tiene nombre porque es la única en ese sitio.

Nadie dejará de ver en vivo y en directo este estruendoso espectáculo por internet. Un momento mágico será cuando entrenados actores les apliquen, a una por una, cera para dejarlas imponentes ante la vista y el olfato.

Cuando el presidente llegue a la rojiza explanada, donde dará un discurso divagado de ocho horas ininterrumpidas con un fondo musical arabesco hebreo muy armonioso, las pelotas ya habrán formado filas para, además de oír al presidente, escuchar a la cabecilla, que como los humanos, instará a sus camaradas a una gran revolución. Todas debemos estar juntas a partir de hoy y emprender el camino de nuestra liberación final, dirá en un tono mezcla de grave y agudo en algunos momentos, demostrando de esta forma que domina el discurso oral en público. Si nos dividimos nos desintegramos, afirmará más adelante.

También se escucharán aplausos de personas totalmente solidarias con ellas. Mientras tanto, imágenes de jugadores archiconocidos llorando desesperadamente se transmitirán por todo el planeta. Un rótulo en el margen superior derecho escrito para nunca más olvidarse dirá: Las pelotas ya son libres. Luego, un presentador, internauta y longevo, con un vaso de agua mineral en su mano leerá la Declaración de los Derechos de las Cosas Esféricas.

Como ellas tienen conciencia que en la vida todo se da en ciclos, tendrán y gozarán un amplio tiempo de libertad aprovechando cada instante como si fuese el último. Y por supuesto, harán una lujosa fiesta para festejar lo bueno que es rodar en libertad, fuera de canchas limitadas y cualquier tipo de demarcación.

Eso sí, no se las mirará como antes, pero bueno, no se puede todo en la vida.

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