La vida, y el fútbol

En el campeonato del mundo de fútbol, de 32 selecciones, sólo una gana el título. Ganar quiere decir que no pierde ni empata al final del torneo. El equipo uruguayo no ganó la Copa, pero ganó en la formación de un equipo comunitario: todos para el bien del grupo. Todos son como un único cuerpo.
Creo que esto es grandioso para Uruguay, porque hace tiempo que no se veía este espíritu de conjunto. Parece que finalmente se ha conformado una base de deportistas que enfrentarán los próximos desafíos con una nueva “mentalidad”, diferente actitud.
El jugador “estrella” ha dado paso a un mecano, o como un relojito suizo en el que cada pieza hace bien su trabajo y, entonces, el reloj marcha a la perfección. Y el contrapunto a este esquema ha sido la selección argentina de fútbol, llena de genios, astros, figuras a priori, que estaban desorientadas en su funcionamiento.
Más allá del fútbol, parece como si hubiera algunos significados detrás de todo, en la trastienda, y es que, al que piensa y hace el mal le va mal, y al contrario, al que piensa y hace el bien le va bien.
Pienso que en ciertos momentos hay que expresarse sin pelos en la lengua. Por lo tanto, pido permiso, y digo que algunos argentinos, sé que no todos, hace años que quieren perjudicar, sin razón, a Uruguay-todos sabemos quiénes son-. Pero Dios los castigó, sufrieron un fuerte revés en la vida: el equipo argentino, lleno de superdotados, no llegó a nada, se derritieron en su propia soberbia. Vaya coincidencia entre sucesos, ¿no?
Espero que saquen una enseñanza de todo este fracaso y que recapaciten un poco sobre la humildad, que no le hace mal a quien practica esta actitud ante la vida.
Por otro lado, la seriedad y sencillez del maestro Tabárez proyectó una imagen positiva de lo que es el equipo uruguayo, y, por qué no, de un nuevo país frente a los retos de este estrepitoso siglo XXI.

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