Las fiestas: ¿comer o no comer?

Hay casi un billón de personas que pasan hambre en el mundo, según la FAO. Sin embargo, algunos defienden que sí vale la pena hacer las comilonas de las fiestas a sabiendas de este grave problema mundial.

En el programa de debates televisivo “Esta boca es mía”, conducido por Victoria Rodríguez, panelistas con espíritu de confrontación de ideas, levantaron la antorcha de la reflexión ante el grupo que defendía el derroche y exagero de consumo de alimentos. Para los que defienden lo parco, el exceso sería una acción irresponsable que pesaría en nuestra conciencia. Quedaríamos apesadumbrados.

El hambre es una sensación horrible que todos la vivimos cada vez que hacemos ayuno para realizarnos exámenes médicos. El cuerpo vive un estado biológico y pscicológico extremos. Imagínense entonces varios días sin ingerir alimentos lo que debe ser, se debe de llegar a un estado de desesperación total.

Una vez mi padre, en un día de adolescente majadero en el que yo estaba, porque sentí un poco de hambre, me dijo que en la guerra, la segunda, había pasado hasta tres días sin comer. Recuerdo que después de escucharlo, y al instante, me quedé bien calladito la boca, y reflexioné en aquel momento sobre esta cuestión.

Uno debe nutrir su cuerpo con alimentos para vivir, pero, muchas veces, comer mucho no siempre implica que se logra una nutrición correcta. Indudablemente, se puede comer mucho sin aportarle al organismo los minerales vitaminas y fibras necesarias para regenerar los tejidos.

Por mi parte, estoy del lado de los que prefieren comer poco, pero bien, y no mucho y mal nutridos a la vez. Simplemente nuestro organismo necesita el aporte de vegetales, legumbres, frutas, pescado, carne, lácteos, en cantidades justas y no exageradas. Somos como una planta que necesita su cantidad “justa” de agua y luz solar, si no se pudre o se quema.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *