Los vegetales no tienen cerebro, está comprobado

“La lechuga no tiene cerebro, está constatado”, dijo una defensora de los animales en la radio, en pleno debate y defensa de su postura ante la fustigación de los dos periodistas que la entrevistaban.
Su argumento central y salvador, lo sacó de la manga después de que uno de los profesionales de la información le dijese que al comer vegetales también estaba obligada a “matarlos”, como se mata a los animales, principalmente a los mamíferos.
Parece algo obvio: las plantas no tienen cerebro, sin embargo, debemos meter a la ciencia de por medio, si no, no tienen validez nuestras palabras. Y si tueviesen cerebro, ¿dónde estaría?
Aparentemente, los pueblos prehistóricos creían que la Naturaleza tenía un espíritu, ánima, alma, por lo tanto, algunos estudiosos hablan del animismo, un período de la historia en que el hombre le da vida consciente a un bosque, a un río, a una montaña, a una selva. Si tienen conciencia, entonces sufren.
Pero la cuestión es saber de qué tipo de sufrimiento hablamos. Parece imposible conocer eso. Yo no puedo preguntarle a un árbol y él responderme qué siente, sin embargo, uno puede reconocer a un árbol enfermo por su aspecto exterior, según me dijo una vez un amigo que había trabajado con madera en el torno.
Pienso que todo lo que tiene vida sufre al nosotros matarlo porque el sufrimiento es implícito a la vida, es como un purgatorio la realidad de todo lo que está en el cosmos. Nada queda libre del martirio, sólo si se libera del tiempo.
Lo que no está comprendido por el tiempo es porque, sencillamente, no existe, que está libre de cualquier pena.

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