Religión en escuelas públicas

Quizás la escuela pública y laica de Brasil esté con los días contados. Aunque el artículo 210 inciso 1º de la Constitución Federal de 1988 establece como asignatura facultativa “Religión”, incluida en el currículo escolar de los centros de enseñanza pública, todavía no se ha implantado. El acuerdo jurídico firmado entre Brasil y el Vaticano el trece de noviembre de 2008, ya homologado por el Congreso Nacional este año, que en su artículo once establece que “la enseñanza religiosa, la católica y de otros credos, de matrícula facultativa, constituye disciplina en los horarios normales de las escuelas públicas…”, seguramente acelerará la inclusión de la susodicha materia en la enseñanza escolar. Por un lado, no parece fácil pensar en un educador de religión que sea totalmente imparcial al presentarles a los aprendientes las diferentes religiones asimiladas por gran parte de la Humanidad. O mejor dicho, será dificilísimo para un educador que tiene una determinada religión, ver su propia creencia desde un punto de vista objetivo. Digo esto porque el vivir, ya de por sí, nos carga sobre los hombros el peso de la subjetividad. Una religión se incorpora a uno del mismo modo que se incorporan hábitos alimenticios o sociales. Parecería más interesante la realización de un proyecto sobre “un viaje” de chicos y chicas con un fin no sólo sociocultural sino también integrador al tener que convivir durante cierto tiempo con personas de otros hábitos, grupo social o, incluso, religión diferente. Lo interesante del convivir es que se transforma en una experiencia que nos obliga a repensar nuestros modelos sociales. Además, adaptarse a una nueva cultura conlleva flexibilidad mental. El descubrimiento del otro se interioriza como un conocimiento único, muy válido para toda la vida. Por ejemplo, conocer algo sobre la religión musulmana o judía inmerso en sus propias comunidades. Sin embargo, la materia religión, dada como casi todo en el sistema educativo actual, presentada por medio de textos solamente, no fomenta el saber constructivo, imaginativo, creativo. Establece una indiferencia en los estudiantes por usar una metodología pasiva. Por lo tanto, el riesgo del fracaso de este tipo de contenido es mayor o menor dependiendo de la metodología que se aplique. Pero por otra parte, en un mundo donde los valores materiales están tan presentes, el aprendizaje de “religión” podría llevar a las clases el “conocimiento” de valores morales y éticos. Si, por lo menos, a un niño se le dice que debe seguir el camino recto en la vida y todo saldrá bien, se puede decir que algún aporte se habrá hecho con respecto a su visión del mundo y la sociedad. La Iglesia Católica y el Estado brasileño se separaron en 1889. Según el obispo auxiliar de Río de Janeiro, Don Dimas Lara Barbosa, esta escisión fue fundamental para darles “autonomía y libertad de acción” a ambas partes. En este momento la escuela pública es laica, o sea, prescinde de la instrucción religiosa, como el Estado, que no depende de la Iglesia o de cualquier otra institución religiosa para tomar decisiones, establecer sistemas económicos, sociales o políticos.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *