Religiones peligrosas

En el interior de São Paulo (Brasil), el asesinato del fundador de la iglesia Cielo de María, también caricaturista, y a su hijo, reaviva la polémica sobre el uso del té de ayahuasca en cultos religiosos. Esta bebida alucinógena, que se realiza con la planta amazónica del mismo nombre, ayahuasca, y la beben los chamanes ecuatorianos también, podría causar en algunas personas psicosis, señalan algunos psiquiatras.
Las llamadas iglesias del Santo Daime de Brasil, cuya sede está en el estado de Acre, región amazónica, ingieren este alcaloide cómo forma de generar un contacto espiritual trascendental.
Parece ser que lo místico sólo se conoce en estados psicológicos fuera de lo normal, la búsqueda de lo divino depende del beber algo que acerca de un mundo espiritual.
A mediados de marzo, Carlos Eduardo Sunfeld, de veinticuatro años, uno de los frecuentadores de la iglesia Cielo de María, que también beben el té de ayahuasca, llamó a la puerta de la casa de Glauco Vilas Boas, guía espiritual del grupo religioso, y descargó con furia su revólver: les dio nueve tiros a Glauco y a su hijo Raoni.
El trastornado seguidor dejó a una mujer viuda con hijos, y además de terminar con la vida de un padre de familia, truncó la carrera de un caricaturista que llevaba humor sano a través de su arte.
Pero me pregunto si, para conocer más a Dios o querer relacionarse con él, es necesario vivir una experiencia en el que nuestro estado psicológico no sea el normal. El guía espiritual de este grupo derivado del Santo Daime, Cielo de María, había recogido, a través de sus visitas a la región amazónica, las enseñanzas sobre la elaboración y utilización de este líquido “divino”.
Eso sí, antes de beberlo, los interesados deben firmar un documento donde aclaran que no sufren trastornos psicológicos, porque si sufren algún problema, el cuadro sicótico puede empeorar. Por otro lado, algunos dicen haber sido curados de enfermedades tan duras como el cáncer.
El abogado defensor de Carlos Eduardo, el matador de Glauco y Raoní, alega que la bebida, tomada por su defendido durante largos lapsos de tiempo, enloqueció a su cliente, más de lo que ya estaba.
Frente a todo este panorama me pongo a pensar en la simple religión que pregona: oración y acción. Acción y oración. O sea, alabar, pedirle y agradecerle a Dios, pero no esperar que las cosas caigan del cielo, solas. Trabajar por una sociedad justa para todos. Si uno está cerca de los seres humanos excluidos, de los que no tienen acceso a la justicia, está cerca de Dios.

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