Tener paciencia

Una ventanilla, dos hombres, un revólver y una discusión: el martes dos de marzo, un pasajero manda al más allá a otro señor que viajaba en un ómnibus en Río de Janeiro. Todo empezó inesperadamente por el cierre de una ventanilla.
El del revólver sentía frío, el de al lado, acalorado, quería abrirla. En cierto momento, el friolento perdió la paciencia, sacó el arma, le disparó a quemarropa al que sentía calor y se dio a la fuga.
Aparentemente, la paciencia desapareció de su práctica, entre los ciudadanos, y se fosiliza en el diccionario con su significado de sustantivo femenino abstracto: “espera y sosiego en las cosas que se deseen, tolerancia en mengua del honor”.
Diariamente en las situaciones cotidianas se percibe una baja tolerancia a la espera. Por ejemplo, cuando uno cruza la calle, en las colas de los supermercados, bancos, agencias de lotería u oficinas del Estado, prima el dicho popular italiano que dice: primero yo, después yo, siempre yo. Es decir, no hay lugar para el otro, y además, hay mucho apuro en todo.
Sin embargo, en la Naturaleza, las estaciones del año y la maduración de las frutas son una prueba de que hay que darle tiempo al tiempo. Algunos animales son reyes de la paciencia. El gato es uno de esos de los que se planta a esperar calmamente a su presa como si fuera una estatua viva.
Pero la civilización occidental valoriza la rapidez: la encomienda que llega rápido, el trabajo que es hecho en menos que canta un gallo, llegar al destino en un santiamén, sea por cielo, mar o tierra, y la comida se saca de una cajita ya pronta, y se calienta en tres minutos.
Frente a este frenesí mundano, algunos manuales de autoayuda recomiendan para los que quieran reobtener la paciencia perdida, o que nunca la adquirieron, calmarse en contacto con la Naturaleza observándola, contemplándola. También es bueno decorar nuestro hogar con flores y ramas en floreros, o hacer yoga, meditación, o por qué no, tocar algún instrumento musical acústico.
Los pueblos asiáticos tienen fama de tener una cultura que entroniza la paciencia a través de las artes marciales y el yoga. Lo que para la civilización occidental es tiempo perdido, para la civilización oriental es tiempo ganado, y ganado para

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