Toy story 3: la tensión del abandono

Andy, que adora sus juguetes, creció y, por lo tanto, sus hábitos cambiaron. Además, va a estudiar en la universidad. Se enfrenta a otra etapa de la vida que le exigirá el desafío de desapegarse de su familia y de sus juguetes preferidos, que son parte de su infancia.
Pero Andy, ahora un jovencito de diecisiete años, no quiere despojarse de sus muñecos, entonces, coloca los más queridos, entre ellos el astronauta, Buzz, en una bolsa negra de plástico y decide guardarlos en el altillo de su casa de clase media esatdounidense. Aparte, él deja al vaquero, Woody, con la idea de llevarlo con él para su nueva vida, universitaria y lejos de su hogar.
Mientras ayuda a su hermana a cargar una caja llena de juguetes que llevarán a una guardería, la madre, sin querer, coloca la bolsa de Andy con el resto de la basura, en la calle. En esta parte del dibujo animado en tres D, donde los volúmenes y la profundidad son parte de la tecnología de punta, empieza la tensión. La tensión que viven los juguetes al pensar que serán abandonados. Al final, todos los juguetes van a parar a la guardería donde la madre iba a llevar los juguetes de la hermana del chico por error.
En la guardería empieza otro capítulo de esta ficción apta para todo público. Aparece un personaje que tiene muy fuerte perfil psicológico. Es el osos de peluche rosa llamado Lot’s, quien cree, equivocadamente, que su dueña, una niña de unos tres años, lo había sustituido por otros juguetes.
En la guardería, el oso de peluche rosa, que anda con la ayuda de un bastón de madera, establece una verdadera tiranía. Estos dos personajes principales, el osos y el vaquero, hacen de contrapunto: el oso Lot’s es el dictador malo y el vaquero Woody es el democrático bueno. No sé si tras estos seres irreales hay una simbología: la lucha entre el justiciero héroe norteamericano, y por otro lado, el tirano opresor e injusto.
El astronauta Buzz descubre que los juguetes de la guardería, manipulados por el oso de peluche, son adictos a los juegos de azar. Al ser descubierto espiando, el oso ordena que le cambien al astronauta la posición de un botón rojo que lleva en la espalda. Entonces, queda con sus funciones alteradas, no reconoce a sus viejos amigos y se pone contra ellos.
El desenlace es tenso. Se establece la lucha del grupo de juguetes de Andy que quiere huir de la mala vida de la guardería. El conjunto, liderado por el vaquero Woody, consigue librarse del maldito oso y sus secuaces, escapando de la guardería tras muchas dificultades.
Finalmente, el vaquero bueno vence al oso malo, que dominó a todos a base de mentiras, y principalmente una, la de hacerles creer que todos los niños siempre tiran sus juguetes a la basura para reemplazarlos por otros.
El mensaje de la película está claro: el bien, al final, siempre vence. Por otro lado, pienso que quieren decirnos que al donar, además de ayudar a los otros materialmente, quedamos obligados a desapegarnos de las cosas, y al desapegarnos de los objetos, crecemos espiritualmente porque dejamos nuestro corazón abierto a nuevas experiencias

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *