Un muerto en la puerta

Un vigilante de un banco, en São Paulo, le disparó en la cabeza a un cliente, después de haber discutido acaloradamente con él, según testigos. La puerta de detección de metales del banco se trabó en el momento en que el hombre pasaba, a causa del marcapasos que llevaban en su corazón.
El jubilado retrocedió inmediatamente. Le mostró al vigilante un carné que lo identificaba como portador de marcapasos. Pero el guardia que debería velar por la seguridad del banco, y de las personas, le disparó en la testa a corta distancia.
Permaneció varios días internado en estado muy delicado hasta que finalmente murió el martes once de mayo. Anteriormente, en Río de Janeiro, hace un mes, más o menos, un pasajero mató a otro después de una discusión en torno a una ventanilla : la víctima quería abrirla y el agresor deseaba cerrarla.
Por otro lado, según un importante diario de São Paulo, la violencia policial aumentó un cuarenta por ciento en el primer trimestre de este año comparado con el año pasado. Murieron 146 personas en enfrentamientos con la policía.
La violencia entre ciudadanos, entre ciudadanos y policías, entre hombres y mujeres, entre patrones y empleados, parece abarcar a toda la sociedad. Y la opresión contamina, como se contamina un río con desecho vertidos sobre él, silenciosamente, mientras todos ven el espectáculo decadente.
Lo curioso de estas dos víctimas de la violencia urbana es que ambos cayeron ante el límite físico instaurado por la puerta o la ventanilla. Son símbolo de la demarcación , de las fronteras entre las razón y la emoción, la cordura y la demencia, la racionalidad y la irracionalidad. Y la mente humana zigzaguea entre territorios sin límites: un segundo de nerviosismo generar puede una tragedia humana.
No cabe duda de que la sociedad y el Estado, juntos, deben crear espacios de convivencia pacífica donde las personas puedan relacionarse a un nivel puramente humano, descontaminados de los puramente comercial, de lo productivo, y volcados más a lo interno, buscando la verdadera plenitud, la realización de Dios.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *