¿Un mundo libre de religiones?

Una reciente encuesta realizada en Brasil confirma algo que se notaba hace un buen tiempo: ha crecido el número de personas que declaran no pertenecer a ninguna religión. El Instituto Brasileño de Geografía y Estadísticas (IBGE) ratificó esa presunción. Ahora bien, porque las personas no sigan una religión no quiere decir necesariamente que hayan sacado de sus mentes la idea de un creador del Universo y de nosotros.
De pensar en la existencia de Dios hemos pasado, tal vez, a ni pensar más en Él, por lo menos en occidente y en los países alineados con éste.
A propósito, hace unos cortos días una jovencita me dijo: “Usted vio, Brasil mejoró porque menos gente cree en Dios”. Vaya vaya. Entonces pensé en aquel momento único en que ella debía de creer que el atraso del país se fundamentaba en una sola causa, que era la creencia en alguien superior.
Por mi parte, me parece que esa explicación es sumamente simplicista, y por lo tanto, no es totalmente real. Está claro que hay una mejora económica que genera una “sensación” de progreso. Pero por otra parte, el progreso no se sustenta solo.
Indudablemente, no se puede perder de vista la cuestión humana. Por un lado la sociedad avanza científica, tecnológica y productivamente, pero las cuestiones sociales parecen estar estancadas y las relaciones interpersonales se perciben resquebrajadas, fisuradas.
Un ejemplo actual es la campaña llamada “respete la vida”, que realiza la intendencia de São Paulo para concientizar a los conductores sobre la conducción temeraria, ya que los automovilistas no quieren parar frente a los pasos de cebra ni frente a los semáforos dándoles un tiempito a los pedestres para cruzar las calles repletas de coches. Por otro lado, los peatones cruzan las calles y avenidas en lugares peligrosísimos. Entonces cabe preguntarse si el avance tecnológico, científico y económico sin el desarrollo humano es positivo.
Por dejar de lado a Dios no creo que seamos mejores, tampoco creo que seamos buenos si solamente creemos en Dios. Ante todo, debemos mejorar nuestras relaciones interpersonales independientemente de nuestras creencias.

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