Un reloj sin números

Había una vez un pintor uruguayo, Juan Muzzi, que hizo una exposición de sus pinturas constructivistas, esculturas y bicicletas ecológicas en la galería redonda Marta Traba en São Paulo (Brasil), donde él vive.
Quiso pasarle a la humanidad la cuestión del tiempo (¿qué es el tiempo?), la preocupación con la ecología, el asunto de la despersonalización que generó el sistema socioeconómico de su época, la muerte de la individualidad, mostrándonos que a la sociedad de consumo sólo le interesa materializar los deseos más burdos de un hombre sin rumbo, sin sentido en cuanto a lo trascendente.
Sus relojes sin números, o con números desordenados, señalan que el tiempo puede ser que no sea lineal, sino uno, y que , por lo tanto, cada momento que vivimos es ese único tiempo. La propia vida conlleva la existencia del tiempo. No hay vida fuera del tiempo, ni viceversa, no hay tiempo que exista fuera de la vida.
Este artista pensó y pintó hombres que al pasar por “embudos” salían por el otro lado desfigurados, sin rostros, formando una peligrosa masa, uniforme, homogénea, sin características propias. Es una consecuencia de la occidentalización del continente americano, que perdió su huella indígena.
Pero la pérdida de identificación, consecuencia directa de la colonización, contrasta con los vivos y primarios colores de sus telas. Tal vez, símbolo de esperanza, porque, finalmente, todo lo vivido durante el tiempo está obligado a evolucionar, a ser algo nuevo. Nos dirigimos hacia un buen puerto. Despertará nuestra nueva conciencia, hemos salido de la somnolencia.
Su época lo llevó a preocuparse por un medio de transporte que no contaminase, y que fuera hecho con el plástico reciclado de las botellas de refrescos. Así, cosntruye sus bicicletas para ayudar el medio ambiente y a los hombres. Indudablemente, su vida en una ciudad gigantesca influyó en su obra, como no podía ser de otra forma, y despertó su conciencia ecológica.
Para comprender a un artista debemos conocer la sociedad y el mundo en el que está inserido, y también, su historia personal, pero muchos símbolos no los entenderemos porque nacen de sentimientos, emociones personales vividos en el tiempo que cada uno vive, que es sólo uno, e irrepetible.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *