Una sonrisa política, circense

A la tarde, la empleada doméstica Nice me pidió que la votara para el cargo de diputada federal por el PV (Partido Verde) en las próximas elecciones de Brasil, el domingo tres de octubre.
Yo iba con mi hijo por una apacible calle paulistana bajo un celeste cielo cargándolo en mis brazos. La política sonrisa de ella no consiguió esconder cierto aire de preocupación, tal vez porque la esperaban sus tareas domésticas de ama de casa, madre, o quizás hasta de joven abuela. Pero así y todo, me entregó un impreso con su número de votación y su foto, donde aparecía sin lentes.
Hoy en día todos quieren ser políticos en Brasil como si se tratase de un buen negocio. Y claro, al final de la legislatura los espera una jubilación por ese cargo público por el resto de sus vidas. Entonces, este año tenemos una flora muy variada que se presenta para senadores, diputados federales y de cada estado, gobernadores y presidente: cantantes, ex jugadores de fútbol (Romario, Bebeto, Vampeta), un diseñador de moda (Espert), ex prostitutas, ex bailarinas de cabaret (la mujer Pera, la mujer Melón), un payaso (Tiririca).
El caso del payaso y humorista de televisión ha dado mucho que hablar. En primer lugar, no se discute que un payaso pueda concurrir a un cargo político en una democracia plena, sino que se discute que él aparentemente sea iletrado; lo que no está permitido por la constitución. Cabe preguntarse como un analfabeto conseguiría escribir un proyecto de ley, por ejemplo. Por lo tanto, podría decirse que tiene lógica que puedan desempeñar esos cargos políticos los analfabetos.
Otra cuestión es: y qué hay de la vocación. Bueno, pienso que un político debe ser como una especie de termómetro que percibe las necesidades de la gente, y esas necesidades son más, o menos importantes, prioritarias, urgentes. Por lo tanto, la capacidad de los políticos para sentir a flor de la piel los problemas cruciales de un pueblo, interfiere en cierta medida en el desarrollo de un país. Además, si los políticos no tienen ideas renovadoras, el país se estanca y, por otro lado, se genera un vacío democrático, porque se establece una distancia entre la realidad de la gente y la visión que tienen los políticos de esa realidad.
Indudablemente, para entender la realidad si hay que tener vocación. Otro problema es la posibilidad del sistema político permitir realizar cambios coherentes a su tiempo, porque cada época irrumpe con diferentes necesidades, que parecen cada vez más complejas. Por ejemplo, esta era de la informática exige pensar en planes de acceso en masa a internet debido a su importancia como medio de información, comunicación, y desarrollo socioeconómico. Si la tecnología es el caballo de Troya de nuestro tiempo, hay que ponerla a disposición de las personas.
Finalmente, creo que los políticos no deben resolver los problemas de la gente, pero deben crear las condiciones necesarias para que nosotros podamos resolverlos. Sería pedir algo justo, sencillamente.
Hoy, lunes cuatro de octubre, después del escrutinio, el resultado obliga al balotaje entre Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores y José Serra, del Partido Social Demócrata Brasileño. Ah, el payaso Tiririca obtuvo más de un millón de votos para el cargo de diputado.

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