Violencia en liceos: espejo de sociedades en crisis

Una profesora quedó pegada a su silla después de los alumnos haberle colocado un peligroso pegamento, sufriendo como consecuencia quemaduras de primer grado en los glúteos. Los padres de los adolescentes ya fueron condenados por el juez por responsabilidad compartida hace unos días. Este hecho vandálico ocurrió en un liceo de Campinas, ciudad que está a unos 150 kilómetros de São Paulo (Brasil).

Aunque la consecuencia judicial desprendida de este hecho es un tema interesantísimo para ser tratado, yo querría referirme al aspecto educativo porque es el área en la que trabajo. Por un lado, la educación en su todo pasó a ser el chivo expiatorio de esta sociedad de consumo en Brasil. Es indicada como el origen del mal de la sociedad, y paradójicamente, el sitio donde debe resolverse el “quiste social” actual. Es una sociedad en la que están en conflicto sus distintos actores sociales, y por supuesto, situación de la que no escapa el universo educativo.

En mayor o menor grado, todos los ámbitos están impregnados de problemas que dificultan las relaciones interpersonales. Por lo tanto, conscientes de este panorama adverso cabe preguntarse hacia dónde va direccionada la educación de los niños y adolescentes que serán los futuros miembros clave.

Indudablemente, parecería que cada vez más se busca darle a los estudiantes, y de cualquier nivel, un perfil laboral, con muchos conocimientos superficiales, poco profundos, descontextualizados y sin conocimiento humanístico. Sólo importa saber manipular las nuevas herramientas tecnológicas y ser un experto específicamente en tu área, y nada más. Todos pueden percibir que los chicos de hoy en día saben mucho sobre computadoras, teléfonos celulares, dinosaurios, el origen del Universo, etcétera, pero desconocen los límites de conducta para vivir en sociedad, la realización del ser, el amor trascendental, en fin, los valores éticos.

Además, el conocimiento que se da en los centros de enseñanza está como desfasado. Es un saber por saber y para llegar a un fin económico en última instancia. Pero claro, qué hay de la evolución humana, en un sentido interior. Lamentablemente, la familia, que hoy en día está desmembrada, no logra aportar su grano de arena en la formación moral que le compete, y justamente lo que nos sirve y acompaña para siempre y trasciende los cambios económicos, sociales o políticos de un país.

Por otra parte, el saber que sí queda obsoleto es el que se enfoca en algo puntual y muchas veces falto de contextualización, incluso, esto da la idea de hasta ni tener sentido. El hombre de las cavernas tal vez tuviera más conocimientos pragmáticos, aunque no supiera el origen de las cosas que lo rodeaban.

Es necesario buscar el crecimiento interior para entenderse, primero a uno mismo, y luego a los demás y al Universo que nos rodea, con sus millones de galaxias incluidas.

Por lo tanto, creo que podría haber en los liceos educadores que les pasen aspectos filosóficos a los chicos, haciendo hincapié en pensadores, escritores y por qué no, la filosofía de los Vedas que trata sobre la verdadera “realización del ser”: la felicidad interior. Por ejemplo, en la literatura usar las ideas de escritores como Unamuno que ya en el siglo XIX nos llamaba la atención sobre la deshumanización.

El saber se transformó en un ídolo contemporáneo, dijo el Papa Benedicto XVI. Parece que hoy usamos el conocimiento como un intento de querer igualarnos a Dios.

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