Vivir previniendo

Llevé a mi hijo de dos años y poquito a vacunarse contra la gripe A. Llegamos a la policlínica, ubicada en la zona norte de São Paulo (Brasil), y después de preguntarle a varias personas, me topé con dos guardias, uno a cada lado de la puerta principal, quienes me dijeron que debía ir hacia una entrada lateral de la institución municipal de sanidad.
Ahí, otro guardia privado me dijo que me sentara y esperara, porque la vacunación empezaría a partir de las ocho de la mañana. Habíamos arribado a las siete.
Pensé que una hora de espera sería una eternidad, pero como charlé un poco con una señora que estaba a mi derecha, que también iba a vacunarse, y además, miré un programa de prevención de enfermedades por un canal de circuito cerrado, realmente el tiempo volando pasó.
Entre charla y charla, veía el programa que, aunque no tenía sonido, porque parece que no había mucha buena voluntad de aumentarlo, sólo sus imágenes conseguían comunicar ciertas preocupaciones muy puntuales del Ministerio de Salud de Brasil.
En primer lugar, mostraban como ciertos roedores, principalmente ratas y ratones, buscan comidas dentro de los propios hogares. Por lo tanto, el audiovisual advertía de la necesidad de colocar adecuadamente la basura de las casas en lugares seguros, tanto dentro como fuera de los domicilios. Y esos roedores transmiten enfermedades. Por supuesto que también se informaba en el programa sobre las precauciones que se deben tomar con respecto a la gripe A: cubrirse la boca cuando se tose, usar pañuelos desechables para limpiarse la nariz después de estornudar y arrojarlos al tacho de basura. También hacían hincapié en el lavado continuo de la manos con jabón, y frotarse las manos con alcohol con gel.
A la izquierda de la sala donde esperábamos, por las banderolas se veía llegar una mañana luminosa que dejaba atrás de sí varios días fríos y grises. De repente, nos llamaron. Mi hijo y yo entramos en una pequeña sala, donde una enfermera, despeinada y con cierto tedio, me pidió que sostuviera las manitos del bebé, y que por otra parte, le sacara el pantaloncito para aplicarle la vacuna en el muslo izquierdo.
Después de un grito de dolor, se soltó a llorar. Me levanté y salimos afuera de la sala. Mientras lloraba, señalé un pájaro a lo lejos y, no sé por qué, enseguida dejó de llorar. Lo llevé a la guardería, entró sin hacer problema. Cuando pegué la vuelta, caminando me dio por reflexionar un poco sobre las campañas públicas en pro de la salud de la población y en la cuestión de por qué algunos temas importantes quedan relegados a prácticamente ninguna exposición.
Entre estos relevantes temas relacionados a la salud quiero destacar: el dengue, los productos tóxicos agrícolas, los alimentos modificados genéticamente y los plásticos usados en el envase de los alimentos.
Creo que sería bueno informar a la población sobre todos estos temas, porque es una forma de paliar futuras consecuencias adversas en cuanto a la salud.

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