Voto consular: a favor

En Estados Unidos, sus ciudadanos, aunque estén en el exterior en tiempos de elecciones nacionales, usufructúan el derecho al voto.

Una conocida mía, que tiene ciudadanía estadounidense, Natalie, me dijo que realizó el pedido desde Brasil por internet y de ese modo le llegó desde EE.UU la papeleta para votar por el correo. Rellenó todos los espacios en el impreso, marcó a su candidato presidencial, Barak Obama, y despachó el formulario. De esa forma ejerció uno de los derechos políticos más nobles para cualquier ciudadano: elegir al representante del pueblo.

Yo he de reconocer una cierta envidia política porque los uruguayos que estamos en el extranjero, este año no podremos ni siquiera ir al consulado y vivir nuestro momento de plenitud democrática.

Entonces, lo único que me resta es pensar en algún argumento a favor del voto consular. En primer lugar, volver a Uruguay para votar demanda tiempo, difícil de obtener, y dinero, más difícil aún. En segundo lugar, perder este derecho por un problema de distancias es muy injusto porque puedo asegurar que para la mayoría de los uruguayos y uruguayas en el exilio, propio o forzado por cuestiones económicas, nuestro corazón está en la tierra natal.

Aunque sé que es un fuerte argumento en contra del voto consular decir que “el que no está no tiene derecho a decidir por los que están”, las relaciones sociales y culturales las continuamos viviendo con la misma o hasta mayor intensidad.

Por lo tanto, si uno sigue proyectando su afectuosidad y amistades, si además ligamos nuestro trabajo con la cultura uruguaya, por qué cortarnos un derecho tan vital, neurálgico, vivencial, hasta carnal con la patria y la democracia.

Sin pretender ser petulante, lanzo un grito a favor del voto consular como una forma de alimentar los lazos entre ambas partes, divididas y, a su vez, unidas sentimentalmente: los de dentro y los de fuera del paisito.

El Uruguay fuera del territorio debe ser rescatado y no dejarlo abandonado. Es que somos personas apasionadas y preocupadas por su futuro, un único futuro, un solo camino que debe emprenderse con el apoyo de todos.

Uno parece que se desangra al no poder ejercer este preciado derecho. Por otro lado, es un error politizar este tema porque se perjudica a una parte del mismo cuerpo.

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